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Terra
La Coctelera

June

June sólo duerme en lugares públicos, si no está rodeada de gente no duerme. Es sentirse atrapada y ya sus ojos se cierran, sus labios se aflojan, sus brazos se derraman, y entonces cae dormida, en el cine, en los vagones de metro, en plena calle, cae dormida y su cuerpo se ovilla, y sueña que está despierta, que los dormidos son otros.

Para June elegí un perro vagabundo, de los que saben dormir a cielo abierto y ladrar a los extraños.

Ladevaze

Ladevaze era mecánico celeste, estudiaba los astros, calculaba las distancias en un pentagrama con forma de esfera, sobre su mano orbitaba melódico el universo. El alma de Ladevaze era un alma de siete notas y doce consonancias, y a la manera griega regía su ánimo por modos:

Lidio cuando era grande, cuando sentía que su talla era la de una estrella y los ojos de todos los seres hacían por doblar el cuello y mirarle;

Frigio si se sostenía, si entre su centro de gravedad y el suelo sólo cabía el equilibrio;

Jónico para la celebración y el goce;

Dórico para encender el ánimo, para que el corazón chico se comiese al corazón grande.

Para Ladevaze elegí la discordancia, la octava nota, la decimotercera consonancia.

Milton

Milton sufría de un terrible mal poético, era el nervio de la guerra de otros, un iniciador de manifestaciones creativas ajenas, a su lado pastaban los poetas. Verle caminar por las calles en procesión de multitudes, sacudido por versos rabiosos, esquivando estallidos, era como sentir los hombros hundirse proyectando el cuello en un grito de piel.

Para él elegí las alas de un ángel, como signo de su blanca monarquía.

Elena

Elena corregía originales, las palabras se le presentaban de diferentes maneras:

Algunas venían para rendirse, no hacían sino dejar el papel y ya habían depuesto las armas, ya despobladas, ya frías, eran palabras nonatas, caminar entre ellas era como cruzarse en la calle con trajes vacíos sujetados por la nada, carne desaparecida más allá del cuello de una camisa, del pliegue de una falda, necesitadas de cuerpo todas ellas;

Otras llegaban con nervio, demasiado nervio, aceleradas, sobredosificadas, parecían escritas sobre el filo de una curva vectorial, anunciando la evolución de un capital de riesgo;

Las había desatinadas, erradas por los dedos que perdieron la tensión en el momento de lanzarlas, y las había también certeras, como las que vuelan sobre la cabeza trinchando manzanas, como las que se clavan sobre otras flechas.

Elena trabajaba sobre ellas, sobre todas ellas. Vivía rodeada de palabras ajenas, por eso casi no hablaba, por no sumar una voz más a aquel estruendo, así que vivía callada, cuando salía del trabajo los ojos la servían de despedida, caminaba por la calle como traje vacío, necesitada de cuerpo, de espacio propio, de identidad.

Para ella elegí la luz cautiva. Hice de cazador nocturno y llené su dormitorio de luciérnagas presas en farolillos de papel.

Mementos

memento

(Del lat. memento, acuérdate).

1. m. Cada una de las dos partes del canon de la misa, en que se hace conmemoración de los fieles vivos y de los difuntos.
hacer alguien sus ~s.

2. 1. fr. p. us. Detenerse a discurrir con particular atención y estudio lo que le importa.